Erase una vez una princesa,
una niña herida
jugando a ser mujer fuerte.
Siempre rodeada de gente,
aún asi se sentia sola.
Ojos tristes y mirada profunda
a contraste con su sonrisa, fingida.
Se decia que habia sufrido tanto,
que llegó un momento en el que
nada podia hacerle daño,
nada podia hacerle sufrir.
Se decia
que su corazon estaba tan roto,
partido en tantos pedazos
que ya no sentia.
Pero sentia,
podia sentir como la tristeza la consumia,
podia sentir como la soledad hacia eco en su interior.
Este cuento no tiene principes azules,
quizas el reflejo del sol
o la oscuridad de la noche
confunden el color...
Tampoco hay final feliz...
Pero como esto no podia ser tan triste
dejemos el final sin escribir...
Tal vez algun dia
un hada madrina con su varita
lo vuelva todo bonito,
o quizas, esta niña se anime a pintar
lo gris de su vida...
de COLORES!